Fuente: http://www.libertaddigital.com
El código informático revela que los calentólogos cocinaron sus resultados
Gráficas como el palo de hockey no se derivan directamente de los datos; estos deben tratarse para poder obtener el resultado final. Pero hay formas y formas de hacerlo, y los calentólogos introdujeron modificaciones arbitrarias para que los datos dijeran lo que debían decir.Daniel Rodríguez Herrera
Uno de los argumentos más utilizados por los climatólogos cuyos correos electrónicos han sido desvelados en uno de los mayores escándalos científicos de los últimos años es que lo que escribían había sido sacado "fuera de contexto". Pese a que ese argumento puede ser válido para una parte de los mensajes, no lo es para todos, pues en muchos casos el contexto queda bien claro en cuanto se leen en el orden correcto.
En cualquier caso, hay algo que no puede mentir, y es el código fuente utilizado para dibujar esos palos de hockey con los que han convencido al mundo de que se encuentra al borde de la peor de las catástrofes. Y, efectivamente, el código no miente: es más, demuestra que lo hicieron los científicos del clima. Después de volcarse en lo más fácil de analizar de la filtración, los más de mil correos electrónicos entre la planta mayor de la calentología mundial, expertos de todo el mundo están centrando su mirada en el resto de ficheros contenidos en el ya famoso dossier: los datos de temperaturas, documentos y código fuente empleado en los estudios del CRU.
Un desastre total
Lo primero que ha llamado la atención de los informáticos que están analizando la filtración ha sido el fichero llamado "HARRY_READ_ME.txt", donde se pueden contemplar las tribulaciones de Ian "Harry" Harris, miembro del CRU, a la hora de analizar e intentar corregir el código fuente empleado para generar las alarmistas gráficas del palo de hockey de este grupo de científicos.
El archivo fue actualizado constantemente y contiene los comentarios seguramente de varios años de esfuerzos para poner algo de orden y lógica en el código y, sobre todo, en las bases de datos de temperatura del CRU, las más grandes del mundo y, por lo que se puede deducir del texto del pobre Harry, imposibles. Ambas cosas forman parte de lo que científicos como Steve McIntyre han pedido para poder reproducir los pasos dados por los creadores de palos de hockey y evaluar si son o no correctos. Siempre se han negado a proporcionarlos.
Dejemos por un lado lo que nos dicen los correos sobre la integridad de estos científicos. Este fichero dice mucho de su incompetencia:
De modo que... no tenemos los ficheros con los coeficientes (sólo gráficas .eps de algo). ¿Pero donde están esos ficheros mensuales? NO LO SÉ, NO ESTÁ DOCUMENTADO. Allá donde miro, hay ficheros de datos, pero no existe información sobre qué son aparte de sus nombres. Y eso es inutilizable. En el ejemplo anterior, los nombres de los ficheros en los directorios _mon y _ann son idénticos, pero los contenidos no. Y la única diferencia es que un directorio es aparentemente "mensual" [mon=monthly] y el otro "anual" [ann=annual], pero los dos contienen ficheros mensuales.
La conclusión de Harry, en otra parte del fichero, es la siguiente:
No existe una integridad de datos uniforme, sólo un conjunto de problemas que crece según son encontrados.
El fichero, no obstante, consta de más de trescientas páginas impreso, y todavía podría argumentarse que no es código en sentido estricto, sino comentarios de un programador, por muy reveladores que sean. Pero es que hay más.
Cocinando los resultados
La principal acusación a la que se puede enfrentar un científico es la de haber cocinado sus algoritmos y/o los datos originales para que muestren un resultado predeterminado. De ahí que el "truco de Mike" para "ocultar el descenso" haya sido el correo electrónico más destacado de los más de mil que forman parte del dossier.
El "descenso" que querían ocultar está claro. Para poder calcular las temperaturas de antes de que hubiera termómetros que las registraran los científicos deben usar lo que se denomina como "variables proxy" o directamente proxys. Son datos que sí se pueden recopilar hoy y que tienen relación con la temperatura de modo que se pueda establecer una relación matemática entre los datos del proxy y las temperaturas que sí se conocen. Así, a partir de los datos del Proxy podremos obtener las temperaturas que no sabemos.
El problema es que según la relación matemática usada por estos científicos la temperatura a partir de 1960 desciende en lugar de subir, como hacían los termómetros. ¿Solución? "Ocultar el descenso", de modo que la relación matemática obtenida a través del proxy no muestre el "óptimo climático medieval", una época en la que las temperaturas eran más altas o al menos similares a las actuales, de modo que este cambio climático sin precedentes tendría uno bien cercano, que impediría la propaganda catastrofista.
El código está lleno de comentarios que documentan el uso del "truco de Mike" para truncar los datos y que no fastidien el resultado. Pero lo más notable es este fragmento, destacado por el gurú del código abierto Eric S. Raymond, uno de los programadores informáticos más conocidos y respetados del mundo:
;
; Apply a VERY ARTIFICAL correction for decline!!
;
yrloc=[1400,findgen(19)*5.+1904]
valadj=[0.,0.,0.,0.,0.,-0.1,-0.25,-0.3,0.,- 0.1,0.3,0.8,1.2,1.7,2.5,2.6,2.6,$
2.6,2.6,2.6]*0.75 ; fudge factor
if n_elements(yrloc) ne n_elements(valadj) then message,’Oooops!’
;
yearlyadj=interpol(valadj,yrloc,timey)
Aparte de la evidente incapacidad del programador por deletrear correctamente la palabra "artificial", que se escribe igual en inglés que en español, este código demuestra que los datos se están cocinando mediante unos valores completamente arbitrarios. O, para ser exactos, que parecen completamente arbitrarios. Raymond los ha colocado en una gráfica:

Este fudge factor, como puede verse, tiene como objetivo una reducción en los años 30 –que fueron muy cálidos; de hecho, en Estados Unidos, fueron los más cálidos del siglo XX– y un claro palo de hockey desde 1950 a 1980. Es decir, dado que los datos no se ajustaban al resultado deseado, cocinaron los resultados.
Cabe esperar que según pasen los días habrá más ejemplos de este tipo de manipulaciones, especialmente cuando científicos como McIntyre y McKitrick, que llevan años reclamando los datos originales y el código fuente empleado para generar estos palos de hockey, hayan podido estudiarlo a fondo.
Respuesta de un mando de una línea aérea en la página de Clifford Carnicom
http://www.carnicom.com
22 de mayo de 2000 “Sr. Carnicom: Cuando he leído la carta que ha recibido del mecánico anónimo, me he sentido obligado a responderle. Yo también trabajo para una línea aérea, aunque mi puesto está en un nivel superior de gestión. No daré el nombre de la compañía ni de la ciudad en la que estoy ni el puesto que ocupo por razones de seguridad. Querría poder documentar todo lo que voy a desvelar, pero es prácticamente imposible porque podría tener consecuencias nefastas para mí. Los elementos contenidos en la carta del mecánico anónimo me parecen auténticos. Compañías aéreas americanas participan en un proyecto llamado Project Cloverleaf (Proyecto hoja de trébol) desde hace ya algunos años. Algunas personas recuerdan haber recibido consignas sobre la cuestión en 1998. A mí se me advirtió en 1999. Todos los empleados de líneas aéreas que han recibido instrucciones relativas al proyecto Cloverleaf han pasado estrictos controles de seguridad sobre sus antecedentes personales y antes incluso de recibir las instrucciones nos empujaron a firmar un acuerdo de no divulgación que dice fundamentalmente que si hablamos de lo que sabemos corremos el riesgo de ir a la cárcel. En nuestra oficina, alrededor de veinte empleados y yo mismo recibimos instrucciones de dos funcionarios oficiales de un organismo gubernamental. No dijeron cuál. Dijeron que el gobierno iba a remunerar a nuestra línea aérea, y a otras, por soltar ciertos productos químicos especiales desde los aviones comerciales. Cuando les preguntamos qué productos químicos eran, dónde y porqué los íbamos a pulverizar, nos respondieron que se nos proporcionaría la información si era necesario… Añadieron que no necesitábamos saber más. Afirmaron que los productos químicos eran inofensivos. Finalmente concluyeron que el programa era de tal importancia que tenía que llevarse a cabo a cualquier precio.
Por este motivo se lanzó el proyecto Cloverleaf para permitir que las líneas aéreas comerciales ayudaran a soltar esos productos químicos en la atmósfera. Después alguien preguntó por qué todo ese secreto… Los representantes del gobierno afirmaron que si el gran público sabía que los aviones que vuelan sobre sus cabezas descargan productos químicos en el aire, los grupos de ecologistas exigirían que se parara la pulverización. Alguien hizo a uno de los hombres del gobierno la siguiente pregunta: ¿Si los productos químicos son inofensivos por qué no hacer pública la naturaleza de esos productos y la razón por la cual los pulverizamos? Parecia desestabilizado por la cuestión. Respondió con un tono autoritario que el público no tiene necesidad de saber lo que ocurre y que ese programa había sido concebido por su mayor interés. También afirmó que debíamos callar y no hacer más preguntas sobre el tema. Con eso, se levantó la sesión de información. En nuestra oficina, todos los documentos relativos al proyecto Cloverleaf se conservan en cajas fuertes. Nadie tiene autorización para sacarlos. Muy pocos empleados tienen acceso a ellos y nunca hablan de su contenido. Sr. Carnicom, no soy en absoluto idiota. Sé que ocurre algo y estoy francamente asustado. Me siento culpable de estar al corriente de la existencia de esta operación, pero he guardado silencio. Me altera saber que la compañía para la que trabajo podría estar envenenando a los americanos. Espero que esta carta abra los ojos de ciertas personas sobre lo que ocurre en este momento en nuestros cielos. Insisto en que me gustaría poder dar una información documentada, pero comprende por qué tengo que guardar el anonimato absoluto.